UNIVERIDAD NACIONAL DE COSTA RICA
Centro de Investigación y Docencia en Educación
División de Educología
Bachillerato en Enseñanza de la Religión
Didáctica para la Enseñanza de
la Religión
Luis Alvarado Villacrés
Prof. Jorge Ballestero
De transmitir a transformar
Los textos analizados tienen, a mi parecer, una
tonalidad profética en el sentido de escribir al umbral de un nuevo siglo. Con
esto no me refiero a que se establece propuestas utópicas, por el contrario, las
propuestas encontradas son muy concretas y
en la actualidad sigue en marcha, quiero pensar por los buenos
resultados que se obtiene. Freire (2008)
decía que “es tarea de mujeres y de hombres críticos ayudar a elaborar el sueño
de cambiar el mundo como asimismo su concreción, ya sea de forma sistemática o
asistemática, en la escuela… o en casa, como padre o como madre,… en nuestras
relaciones con las personas que trabajan con nosotros.” Esta reflexión es muy
cercana a la realidad presentada, pues el marco escolar intentar ampliar su
contexto e involucrar los protagonistas que tradicionalmente no se han
concebido propiamente en la educación.
Es necesario entonces que los oprimidos tomen
conciencia de las razones de su estado de opresión, para que asuman posiciones
de lucha por su libertad (Freire, 2011) Es un proceso de concepción similar la
que proponen los autores ante la crisis. El repensar crítico del quehacer de la
enseñanza de la religión en el contexto actual debe superar las lecturas que
evidencian el fracaso. No porque no sean necesaria, sino porque ya es evidente.
Es decir, que la crisis debe ser también factor de propuestas de transformación.
Este criterio se asemeja al de la esperanza en el pensamiento crítico.
El cuestionamiento de la socialización tradicional
está hecha y la crisis de la educación es una afirmación que se deduce de este
cuestionamiento. La escuela como agente de socialización tiene en potencia la
capacidad de transformar las perspectivas. Los autores a propósito destacaban
tres frases discursivas que usualmente identifican las crisis. Que la escuela
no forma para el trabajo.
La educación, o bien funciona como un instrumento
utilizado para facilitar la integración de la generación más joven dentro de la
lógica del sistema actual y obtener su conformidad al mismo, o bien se
convierte en la «práctica de la libertad», en virtud de la cual hombres y
mujeres se enfrentan crítica y creadoramente con la realidad y descubren la
forma de participar en la transformación de su propio mundo (Freire, 2011).
Esta participación no es inocente, pues los imaginarios dominantes en esta era
son solapados, pues como dicen los autores “se produce un cambio en la
organización empresarial que se gestiona a través de métodos menos jerárquicos”.
Pues el trabajo en redes permite indivisar la individualidad en el sistema
educativo. Dicen los autores que la democracia ya no se remonta exclusivamente
a lo político, sino a la totalidad de nuestras relaciones (Fecha y Tortajada,
1999).
La tradición, sin desmerecer su componente
histórico, es signo de retroceso por no permitir remozar perspectivas
filosófico-políticas del quehacer educativo. Estos esquemas de
racionalidades hegemónicas se resisten ser erradicadas. Esto en
contraste con un modelo que así mismo,
no buscan ni restringir, ni ajustar ideológica, ni pragmáticamente las
conciencias ciudadanas, de acuerdo a los intereses de quienes las preconizan,
como funciona tradicionalmente.
Esta identidad educativa está definida por dos
vertientes, la primera se conforma por la racionalidad y sus dinámicas de poder
inequitativas; y la segunda, por el nivel y el estilo de participación de los
individuos o de los colectivos, acorde a la concepción de coherencia de
establecimiento (misión, visión, etc.).
Ahora bien, es fácil caer en cuenta que aunque son dos fuentes
distintas, y que es posible distinguirlas tanto genealógica, como
epistemológicamente, las dos están relacionadas e influidas. Pues las racionalidades y sus sustentos
filosóficos influyen en gran medida las concepciones sociológico-políticas de
la educación y por lo tanto en el nivel y en el estilo de participación de sus
miembros. De ahí que en las prácticas
educativas sea imposible distinguir, la influencia racional imperante, de la
presencia de las corrientes políticas participativas.
La pedagogía crítica además de abordar la educación
analizando la relación entre racionalidad y ciudadanía, analiza una nueva
categoría denominada modelos de educación ciudadana. Es decir, diferencia tres niveles en su
crítica: El primer nivel se refiere a las racionalidades, el segundo se
denomina concepciones de ciudadanía, y el tercero, modelos de educación
ciudadana (propuestas). La interrelación
de los primeros influye en la conformación del segundo nivel, y estos dos a su
vez, determinan el tercer nivel de análisis.
Ahora bien, me apoyaré en el trabajo de Giroux (2004), para enumerar los
modelos de educación ciudadana estudiados por la pedagogía crítica: Transmisión
ciudadana-Ciencias sociales, enfoque de investigación reflexiva, educación
ciudadana emancipatoria.
El modelo pedagógico en transición tiene su
fundamentación en el nivel de
transmisión ciudadana puesto que se sustenta en los mismos presupuestos de la
educación tradicional sin cuestionarla en ningún momento. Para este modelo el
conocimiento está situado por encima y más allá de las realidades y de las
relaciones sociales de la gente que lo produce y lo define. Se sustenta en la
objetividad como pretexto para sostener estructuras esclerotizadas que aunque
se presenten como neutrales, y a-políticas, en el fondo, permiten que las
estructuras de opresión y sus opresores se mantengan. En nombre de la transmisión de creencias este
modelo de educación ciudadana da primacía, a través de metodologías y contenidos,
a la conducta adaptable y condicionada, por sobre una actitud activa y crítica
en el proceso educativo y en la participación ciudadana. Esta forma de aprender la ciudadanía se
encuentra legitimada en la sacralidad dogmática de los estudios técnicos, que
reducen la educación en ciudadanía a procesos de aprendizajes únicamente
basados en la psicología del desarrollo.
Se critica la interacción colonizadora en el
quehacer docente pero además la gestión
del centro en sí (quehacer administrativo). Es así que el aprendizaje dialógico, que comprende la comunicación y
acción, quiere instaurar nuevos y asertivos canales de interacción. Pues la racionalidad puede entenderse como
una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y de acción (Habermas, 1987).
Esto no es sinónimo de menospreciar lo académico sino
abrir espacios de continuidad en la acción comunicativa en sus principios donde
destacan: la inteligencia cultural y la pluralidad de dimensiones de la
interacción humana
Apoyándome en Paulo Freire (2000) diré para
culminar que lo esencial a la ciudadanía no es la capacidad de delimitarla
conceptualmente, sino la de comprender que la presencia del sujeto en la
historia no es neutra, y que por lo tanto debe asumir de la manera más crítica
posible su carácter político y consecuentemente la efectividad de su incidencia
en la realidad. Ahora bien, la crítica y sus mediaciones pedagógicas son
conscientes de que a este carácter de incidencia y transformación de la
realidad, les precede como requisito la capacidad de lectura crítica de la
misma, en sus dimensiones política y social.
Para lo cual, la pedagogía crítica que se plasma en la propuesta de los
autores se ha basado en varias claves de lecturas dialógicas.
Referencia:
Fecha,
R y Tortajada, I. (1999) Retos y salidas educativas en la entrada de siglo. En
Imbernón, F. (coord.). La educación en el siglo XXI. Los retos del futuro
inmediato (pp. 13-27). Barcelona: Editorial Graó.
Freire,
P. (2000) Pedagogía de la indignación. Buenos Aires: Siglo XXI.
Freire, P. (2004)
Cartas a quien pretende enseñar. Buenos Aires: Ed. Siglo XXI
Friere,
P. (2008) La educación como práctica de
la libertad. Buenos Aires: Siglo XXI.
Freire,
P (2011) Pedagogía de la Esperanza. Buenos Aires: Siglo XXI.
Giroux, H. (2004) Teoría y resistencia en
educación. Buenos Aires: Ed. Siglo XXI,
sexta edición en español.
Habermas,
J. (1987) Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y razonalización
social. Madrid: Ed. Taurus
Medina
R, A. (2008). Didáctica General. Parte IV. Innovación y cultura
profesional. Capítulos 13 y 14.
Luis con algunos arreglos puede ser un buen ensayo, esta bastante bien, pélalo y mándelo a ensayos pedagógicos.
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